miércoles, 27 de abril de 2011

La niña Roja I



Pinche Wey.

No puedo dejar de pensarte sonriendo .

Fue eso. Claro que también lo fueron tu humedad y tu escandalosa figura. Pero la daga provino de tus ganas de ser feliz, se hundió hasta quedarse dentro. No te permití sacarla, sus dientes de acero hicieron que se atascara cual anzuelo de pesca en la boca de un bagre. Sacarla es igual a asesinarme. Eso déjamelo a mí. Tú no estás hecha para eso, ignoras tu grado de peligrosidad. Punzón de euforia.

Íbamos por un par de cervezas. Conocernos en plano distinto a la rutina...

Fue fácil tirar los dados.

Te dije, uno de esos días: sólo me he relacionado con mujeres depresivas, me he acostumbrado a consolar sus penas. Mi adicción al sufrimiento propio y ajeno.

Nada sabes de eso, supongo. Tu eres feliz. Tu melancolía ocasional es como la de cualquier otro. Todos posamos la mirada en el horizonte lejano…, de vez en cuando.

Mi vida en aquellos días era una moneda atascada en el orificio de una rockola. Llegaste a empujar de ella y la vida volvió a tomar sentido.

Al amanecer de la primera noche miraste la habitación, luego fuiste al baño, volviste a la cama tapándote los senos con tus manos, te envolviste rápidamente y apareció tu sonrisa. Tu casa está hecha un desmadre, dijiste para después, darme la espalda y ofrecerme el misterio de tus cabellos desordenados y olorosos.

Confesamos quienes éramos antes de dejar que la moneda alimentara a la rockola de la noche anterior. De las miradas lejanas que advertimos sin saber exactamente que nos traíamos entre manos. Creímos en la verdad de nuestros cuerpos desnudos que aún gozaban de los sudores ajenos y propios, ahora ya secos sobre la piel, ocultos entre los vellos.

Una imagen quedó engrapada en los tejidos de mi memoria: tirada de espaldas recibías con los ojos cerrados los embates de mi soledad, ella, se resistía a aceptar que te había encontrado. No eres tú, te decía mi voz mientras me adentraba en tu cuerpo. Tu rostro no correspondía a la mujer que conocía dos años atrás. Sucede que te descubrí.

No lo hube planeado y sé que tampoco estaba en tu lista de pendientes. Nos disfrutaríamos por más de una noche. Nos haríamos promesas. Y luego, lo que ambos ya sabemos. Ni Shakespeare ni José José dejan lugar para historias novedosas. Somos carne, sueños, debilidad y juguetes del destino.

Aquellas noches de viernes disfrutaba tenerte a mi lado. Esperabas mi salida del trabajo y en cosa de veinte minutos estábamos ya inmersos en la fiesta interminable del centro histórico. Bebíamos cerveza oscura, yo además, succionaba el perfume alojado en tu cuello, escalaba por tu barbilla hasta llegar al falso lunar de metal clavado bajo tu boca. Aún puedo ver tus ojos entrecerrados, entregándote.

miércoles, 16 de febrero de 2011

consejos


Cada respiro parece el último esfuerzo, nada queda para el siguiente y tampoco para el siguiente. El oxigeno no alcanza. Hay que seguir jalando con los pulmones de arena. Secos.
La tráquea se acobarda y aprieta su cartílago. Teme fracasar y entonces renuncia.
Los bronquios son bombas de jabón que revientan y se pierden. Es agarrarse del aire, pero ¿cómo?
Es como pescar con las manos, los peces se te resbalan y escapan gozosos, para siempre lejos. Así se me va el aliento.
Las flemas se petrifican y hacen silbar al poco aire que circula.
Estoy condenado a respirar motas de polvo en los rincones del asma. Un agonizar que no termina. Cadena perpetua de aire mezquino.
Tirado sobre el sofá extraigo moléculas de oxigeno de donde se pueda. Suelto maldiciones e intento seguir. La madrugada es larga. Es como una mala madre que no cuida de su hijo enfermo. Espasmos y tos que me hace vomitar sangre y flemas sobre la almohada. Los vecinos se remueven en sus camas odiando al vecino enfermo que no para de gemir. Cada amanecer es una pequeña victoria, pero la tarde aguarda con todas sus esporas y sus pelos de gato, con su frío invernal.
Algunas personas me observan y opinan. Sugieren vacunas y médicos que han curado a otros. También están los que refieren remedios caseros o productos herbalife. Ya verás que no vuelves a usar tu inhalador, me dicen.
¿Quién les dijo que quiero quitarme de encima esta enfermedad de mierda?
Que Dios, San Juditas o Pokemón, bendigan al asma que me tortura.

sábado, 5 de febrero de 2011

La adolescencia de Venus







primera de diez pinturas de la serie en desarrollo llamada, hasta ahora, "las musas heridas". Aquí, fragmentos, detalles, de lo que se ha logrado, o mal logrado...

viernes, 7 de enero de 2011

tu silencio


Han pasado ya muchos años, y ahora que miro tus fotos del facebook, reconozco en tus ojos la misma mirada de pálida tristeza de tus 17 años.
No lo sabes, pero la primera vez que te observé, caminabas junto al microbús que me llevaba de xochimilco al pueblo. Tu ibas vestida de negro, como siempre, tu gesto duro y tu mirada evasiva eran, o son, eternas. Llovía y tu seguías caminando sin titubear. Allí me cautivaste.
Convivimos muchas tardes en mi taller. A pesar de tus sonrisas ocasionales, nunca dejaste de ser una joven impenetrable. tu presencia era un silencio extraño. Casi seductor, pero evasivo...
Miro tus fotos y eres más hermosa que entonces. Pero no lo sabes.
Quizás sigues caminando junto a ese microbús sumergida en pensamientos que navegan en el aliento de tu tristeza.

martes, 4 de enero de 2011

hierbas de olor y manteca


La vida es una gran sartén.
En ella se calientan, se cuecen, se fríen y se refríen, y en algunas otras ocasiones se carbonizan diferentes tipos de carnes, cebos y guisados. Hay quienes agregan mucha agua para que la acción del fuego sea menos violenta. También hay quienes rebanan cebolla, chile y otros vegetales, aceites de olivo, sal, vino tinto, especies varias, purés y todo lo que pueda generar un buen sabor.
Cada quién sazona su pedazo de carne, su vida.

lunes, 13 de diciembre de 2010

tres minutos


Suena la campana
el sudor cega
la sangre empuja...
peleador uno tiene algo
peleador dos, teme y se aferra
la vieja fractura grita
uno aventaja y golpea
dos resiste y teme
confía en que ganará fuerza
uno se envalentona y Jab
dos esquiva y cross
en la lona el mundo se mira inmenso
le dan cuenta a diez...
la campana salva.
vuelve a su esquina a seguir planeando
recupera aire, pero no todo el valor
suda, ya no piensa, suda...
debe destruirle, cortarle el pómulo,
reventarle el párpado
Uno goza, saborea esa postal de derrota
el contrincante derribado, el trofeo.
Ha estado allí y recuerda el dolor.
Ambos recuerdan otras asaltos,
sabor a sangre, vendajes, oxigeno...
la algarabía de los espectadores
los gritos necios de sus sparrings
Alguien toca la campana...
les limpian el sudor y escupen,
arriba, ¡destrózale!

domingo, 12 de diciembre de 2010

Nadie sabe


estuve mirando tus fotos ayer por la mañana
eres entre amarilla y naranja
la luz del sol penetra tu piel
te acababas de bañar

miras directo a la cámara
pareces un ave mística...
entonces estábamos crudos y desvelados
la euforia nocturna se había ido

cierras los ojos y dejas caer tu cabello
parece que flotas
acaso el sueño de la muerte,
te vas a algún sitio, nadie sabe.

te pones de pie y te muestras toda.
tomé un par de fotos más
volví a acariciarte, sonreías
la habitación se quedó vacía.