Los autos nuevos atrapan miradas
Despiertan asombro y cierta envidia.
Lustrosos y perfumados…
No me jodan.
Pilotos que exigen valet parking
autolavado cada tres días.
Los autos nuevos atrapan miradas
Lo autos viejos inspiran respeto.
Silencio…
Al igual que un hombre sin juicio
preso de sus alucinaciones etílicas
vestido con piel de mugre.
Así eres tú, viejo Cavalier…
Guardas ecos de juventud desaforada
Sable de dos toneladas para cortar al viento
Ballena que cuida de Jonas mientras crece
Ruleta de acelerar y frenar la furia,
Descarga de esperma a 140 km/h
Funesto presagio terracota…,
Trago de ron derecho
Asidero de la madrugada
Tu espejo roto.
Vestiduras que sudan,
que guardan el polvo de otros días.
viernes, 26 de noviembre de 2010
viernes, 30 de julio de 2010
Temor

El metro va lento, ha llovido toda la semana.
La gente corre para refugiarse bajo cualquier sitio…
Nubes con silueta de témpanos cuajan en silencio para después
Deshilar a lo largo de los días sus cortinas grises
Bebí demasiado anoche. Estaba feliz
Me esperabas sentada dentro del oxxo, llegué ebrio y manejando sin cuidado.
Lo intentamos de varias formas…,
Estaba demasiado pedo para venirme
Me pediste que te bañara con agua muy caliente…, casi hirviendo
Mientras te ponías crema en el cuerpo, me quedé dormido
Sé que me mirabas
¿Acaso habrás reconocido el olor de mi cansancio?
Comimos en el centro y dimos un paseo tomados de la mano
La lluvia tomó fuerza…, yo perdía valor.
Soy como una burbuja que lentamente trepa entre los hielos, el ron y el refresco de cola… salgo a flote sólo para reventar y perderme…
¿Que hago yo abrazándote en los andenes?
No tiene sentido que te cuente de mi. Ya debes intuirlo.
Me dices que te di una bofetada mientras estabas arriba…, sonríes.
Te quedas mirando los aparadores de ropa, no dices nada
Yo pienso en tu vulva húmeda.
El metro se ha quedado en san Antonio…, no avanza
Sobre tlalpan hay pocos autos, la gente no salió hoy de sus casas
Temen a estos días lluviosos
viernes, 4 de junio de 2010
ventana a la ciudad

Una gota filosa de sangre
parte en dos a un hombre
sus miembros
han sido deshojados con los dientes
mientras dormita la muerte
sobre el filo de sus venas.
Un hombre que mira
una gran ventana cerrada desde siempre
como párpado de muerto.
Aun cercenado lo galopa la memoria
como látigo que se besa con el aire...
acaso sea la noche reclamando su tributo
de corazón abierto por el jade
quizá el vino que resbala
por el mantel de un vagabundo
pero siempre el largo mirarnos con la nada:
el segundo cruza
con su millón de hormigas rojas
horadando la lengua y su silencio,
y como el otoño, se nos va cayendo el cuerpo
sobre el frío estanque del olvido.
Otras violetas tristes poblarán los ojos
de los ebrios niños que se amaron
con las manos llenas de cuchillos.
Luis Montero
---poema de Luis Montero para "ventana a la ciudad".
viernes, 30 de abril de 2010
palabras de Eusebio Ruvalcaba
03:00 am
Pueden ser las 3 de la mañana o las cuatro o las cinco. Cualquier hora es buena para asomarse a las grietas humanas. Y ésa es la misión de Marco Solares: revelarnos nuestras obsesiones. Precisamente con una tenacidad que raya en el delirio. Porque el ojo de Marco es como su pincel: incomplaciente. E incansable. Producto de las andadas, de las noches vividas al rojo vivo, del alma que crece como una estopa remojada en gasolina, siempre dispuesta a arder y quemar vísceras y tejidos. Detenerse en una exposición de este hombre obliga a la reflexión. ¿Así somos?: ¿Devastados? ¿Mórbidos? ¿Tocados por la mano del infierno? Marco se encarga de traernos a la mesa la apabullante, terrible, fokin realidad atroz que sus ojos contemplan y hacen nuestra. Una realidad sin ambages se torna punto de arranque para el día de mañana ―¿qué dirán de esto los príncipes de la autoayuda? Me atrevería a decir que el trabajo de Marco Solares pone delante de nosotros una verdad insoslayable, que no siempre estamos dispuestos a aceptar: rescata el dolor que yace en nuestra condición humana y lo vuelve aún más dramático. Como si cualquier cosa.
Dije arriba que una exposición de Marco Solares obliga a la reflexión. También a volver la cabeza y echarse a correr. Y si no, pregúntenle al pusilánime más cercano.
eusebio ruvalcaba
(texto de presentación para la exposición "03:00am", 24 de abril de 2010)

Pueden ser las 3 de la mañana o las cuatro o las cinco. Cualquier hora es buena para asomarse a las grietas humanas. Y ésa es la misión de Marco Solares: revelarnos nuestras obsesiones. Precisamente con una tenacidad que raya en el delirio. Porque el ojo de Marco es como su pincel: incomplaciente. E incansable. Producto de las andadas, de las noches vividas al rojo vivo, del alma que crece como una estopa remojada en gasolina, siempre dispuesta a arder y quemar vísceras y tejidos. Detenerse en una exposición de este hombre obliga a la reflexión. ¿Así somos?: ¿Devastados? ¿Mórbidos? ¿Tocados por la mano del infierno? Marco se encarga de traernos a la mesa la apabullante, terrible, fokin realidad atroz que sus ojos contemplan y hacen nuestra. Una realidad sin ambages se torna punto de arranque para el día de mañana ―¿qué dirán de esto los príncipes de la autoayuda? Me atrevería a decir que el trabajo de Marco Solares pone delante de nosotros una verdad insoslayable, que no siempre estamos dispuestos a aceptar: rescata el dolor que yace en nuestra condición humana y lo vuelve aún más dramático. Como si cualquier cosa.
Dije arriba que una exposición de Marco Solares obliga a la reflexión. También a volver la cabeza y echarse a correr. Y si no, pregúntenle al pusilánime más cercano.
eusebio ruvalcaba
(texto de presentación para la exposición "03:00am", 24 de abril de 2010)

jueves, 29 de abril de 2010
miércoles, 7 de abril de 2010
exposición pictórica
miércoles, 27 de enero de 2010
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