Todos hablamos del frío, amaneció nublado, el aire también tiene esa temperatura invernal. Salí a mirar el cielo a las siete de la mañana, no pude quedarme más tiempo en la cama. Mi mujer dormía sin inconvenientes, yo no. Así que salí a mirar esas nubes blancas y espesas. Los perros se levantaron y fueron a saludar agitando sus rabos y lamiéndome las manos, ellos también tenían pocas ganas de hacer algo novedoso, les serví sus croquetas y regresaron a sus rincones a seguir reposando. Las urracas bajaron a picotear basurillas en el pasto, tomaron lo que buscaban y volvieron a las ramas del enorme pino que está frente a la casa.
Me gusta usar bermudas los fines de semana, así, aunque me cubro con una sudadera, siento en las piernas lo fresco de la mañana, eso es lo que me hace sentir en casa.
Anoche bebí cerveza, disfruté de varios tragos con los amigos, sentados en esa mesa del Corona reímos mucho, recordamos, celebramos anécdotas y revelamos secretos. El estar en un sitio con tanta gente, pantallas que dan partidos de fútbol, con vista a la calle y el bullicio, nos genera la impresión de estar en una fiesta, donde todos somos invitados a celebrar. El mesero es atento, servicial y puntual con las bebidas y los tacos, la edecán se muestra sensualidad y amigable, en fin, todo es perfecto.
Esta mañana tengo un ligero hormigueo en las manos, sé que es por la bebida, pasará después de desayunar algo. Prepararé café cargado y la sensación de desvelo y juerga se evaporarán. Pero hay cosas que se quedan, a pesar del café, el desayuno y el paso de los días. Cada juerga es diferente, no importa que tus amigos de bebida sean siempre los mismos, los sonidos, los gestos, las reacciones y hasta los aromas suaves permanecen allí, en ese sitio donde archivamos lo simbólico.
La última semana le he dedicado más tiempo a la lectura, cuestión que ha logrado llenarme la cabeza nuevamente con imágenes y sensaciones. Disfruto del silencio y quietud de esta actividad. Sin embargo, los efectos no tiene precisamente las mismas características, por el contrario, las palabras se deslizan a mi interior para palpitar y respirar a su ritmo y tenor.
Amistades, cerveza, lectura, mañanas frías, el reposo de ella en cálido silencio…
El hormigueo cede, el frío no.
Habrá que pedir otra ronda.
sábado, 14 de noviembre de 2015
lunes, 25 de mayo de 2015
nada más
No me he aprendido ni una canción completa,
no he memorizado ni un solo poema,
no podría citar a ningún Grande…
(Te recuerdo ebria y amorosa)
Me pegabas el culo mientras sonaba un raegueton,
Sobria decías que esa música era basura, ahora cachondeabas
con demencia.
Yo feliz tomándote la cintura y atrayendo esas
carnes hacia mí,
por primera vez te me adelantaste, empezaste a
beber a medio día,
Llegaste a verme feliz, apenas alcanzamos mesa…
Olías al sudor de la tarde, a comida grasienta en puesto
de banqueta,
tus axilas son blancas, un pozuelo para mi olfato…
Tu mirada de pregunta, tu sonrisa que no juzga, que
incita..
Bésame, decías con tu aliento a cerveza,
Te recargué contra la cortina de un negocio de
camisas,
¿porqué no me dijiste antes que estabas enamorado?
Reclamaste.
Acabo de regresar con él, creí que sólo te
divertías…
Metí mi mano por tu espalda, desabroché tu
wonderbra,
Metí los dedos y estabas lista, hacía horas…
Sólo fue otro viernes, de esos en que llovía toda la
noche…
domingo, 25 de enero de 2015
soledad erotizada
XI
Fui a la cocina y
puse en la estufa la pequeña cafetera de espresso. Preparé para tres tazas,
hasta el tope de grano, era lo último de la lata, así que le di fin al contenido.
Mientras llegaba el
hervor, me senté a hojear un libro de fotografías. Desnudos femeninos de
finales del XIX, impresiones en blanco y negro posteriormente iluminadas con
acuarela. Imágenes de aparente intimidad.
Leí algo sobre los
fotógrafos, información muy básica, pero en su mayoría se desconoce el nombre
de los autores. No sigo un orden, hojeo y me detengo cuando aparece algo.
Recuerdo cuando
compré este ejemplar, nueve años atrás, lo pensé dos veces antes de desembolsar
esa cantidad de dinero, pero no podía abandonar la librería sin llevarme esas
imágenes antiguas a casa. Sin embargo no fueron a casa conmigo, ya que me
dirigía al trabajo y allí se quedaron,
en el librero de mi cubículo, allí fue donde
hojee con calma durante mi tiempo libre.
Ahora que lo vuelvo a
estudiar, descubro otros detalles. Aunque siguen siendo las mismas mujeres
desnudas, las recámaras donde descansan me resultan de gran interés. Son
otras, al igual que las mujeres, también
se desnudan. Muestran la intimidad de su
historia. Antes no me di cuenta, pienso que mi mirada no estaba lista.
Cortinas pesadas,
celosas telas que repudian el coqueteo de la luz natural. Aman la palidez de
los cuerpos, tonalidad de interiores apagados. Cómplices del silencio inerte.
Allí es donde el musgo
crece, bajo los tapetes, envenenando el ambiente de las habitaciones de los
ancianos. Guardapolvo para asmáticos ahogados en flemas.
Hay una habitación en
particular que fue decorada con una gran cortina bordada con hilos de oro, debido al granulado de la fotografía no
aseguro que las rítmicas imágenes sean flores de lis u otro tipo de elementos florales. No
puedo evitar pensar en lo simbólico de dichos detalles. Hilo de oro que evoca ornamento y virtud. El
confort y la privacidad de la celda. Almeja que incuba perlas.
Allí, en ese
escenario, ellas, las mujeres, muestran
sus jóvenes secretos. Aparentan abandono, pretenden retratos de soledad
erotizada, juegan a masturbarse mientras el Señor de la casa embadurna a sus
amantes. Se miran en espejos que delatan su derrumbe prematuro. ¿cómo hubiera
podido abandonarlas en la librería? Esas imágenes navegan sobre el vaho de la
Historia.
Casi puedo olfatear
el aroma de las sábanas sobre las que descansan sus sexos.
La cafetera inicia su
ebullición, estará listo en medio minuto más. El aroma del espresso hiede tanto
como una panocha fértil.
Vuelvo a las
imágenes. Esas mujeres han muerto, su
lubricidad se acabó. No queda más que imaginar que su vida siguió por un tiempo
más, después de hacer las fotos. Qué
importa, están muertas. Ahora sólo son una hoja de papel y una página.
No más que un puñado
de imágenes para mirar mientras el agua se filtra entre los granos de café.
Concluyo que el
mobiliario es el verdadero protagonista de esta colección de imágenes. Sin éste, no habría historias que contar.
Me levanto y apago la
hornilla. El departamento destila el aroma de la bebida que ha teñido mi
dentadura. Amarillo ocre, cercano al sepia.
Ya con la taza
servida me asomo desde la ventana de la sala, el estacionamiento esta casi
vacío. Hay un camión de mudanzas, un par de hombres bajan muebles para
llevarlos escaleras arriba. Una mujer
supervisa el trabajo. Algo grita, no alcanzo a entender, los hombres bajan un
sofá y se colocan guantes que la mujer les extiende. Es un sofá color hueso,
parecido al mío, pero el de ella es impecable. En cambio el mío, es del color
de un mingitorio público. Debo reconocer que ha resistido como un campeón.
Posee entre sus cicatrices todo tipo de secreciones y rastros de vino tinto,
cerveza y otros.
Cuando compré este
libro, traía en mente la idea de tomar un curso de fotografía en el museo de la
imagen, en metro Balderas. Me hice de una cámara usada y proyecté la captura de
desnudos femeninos. Leonor fue mi primer modelo, rentamos la habitación de un
hotel en la calle de Cuba, escogí el más jodido pensando en la posibilidad de
un escenario decadente. Hice las tomas, bebimos
ron y fumamos un poco. Volví a hacer tomas, ella borracha, yo marihuano.
Nos bañamos y seguimos bebiendo hasta quedarnos dormidos. Agoté dos rollos de
película, seguro estuve de lograr imágenes como las planeadas. Recuerdo que en
algún momento bailamos, pero me tropezaba de borracho.
Despertamos al medio
día, el frío que entraba por las ventanas abiertas no fue capaz de despertarnos
antes. Estábamos agotados.
Desayunamos y
regresamos a casa. No había sol, las nubes aplacaban su eterno protagonismo.
Volvimos a quedarnos dormidos el resto de la tarde. Pensé en guardar los
carretes para revelarlos yo mismo en cuanto estuviera inscrito en el curso de
fotografía. Pero todo se postergó. La furia regresó a nuestra mesa de centro,
el sol volvió a calcinarnos. La felicidad de esas horas se quedó allí, guardada
en la celulosa.
jueves, 17 de julio de 2014
"el sueño de Emilio", acrílico /madera, 2014
Pieza número IV de la serie llamada "las Musas Heridas".
A diferencia de las anteriores, esta obra pictórica ha sido trabajada con la técnica del acrílico. Y gracias a las bondades de esta técnica, pude concluirla en un tiempo más breve.
Aquí, algunas imágenes que documentan el proceso creativo.
lunes, 14 de julio de 2014
hoyos en el jardín
Vapor de agua que brota del adoquín
el domingo amanece
Baño tibio de luz
Suspiro callado
La urraca se agita en la rama
Las nubes navegan
lento
Los perros echados a mis pies
Me miran y cierran sus ojos
Remojo un par de pinceles en aguarrás
Limpio sus cerdas con mi trapo percudido
Me coloco el delantal de trabajo, olor agrio
Froto mis manos, doy un sorbo a mi taza de café
Colmillo se estira, Monsi se mordisquea una pata
Escucho un álbum de Amy Winehouse,
Mezclo rosa alizarina con un poco de ultramar
Aplico sombras, genero contrastes en el lienzo…
Mañana estaré en la oficina nuevamente, en una silla
reclinable
Sin aves y sin nubes obesas
Los perros harán hoyos en el jardín,
morderán los juguetes de mis hijos
Por hora, sigo aplicando este color vino sobre una piel
blanca
Rasgo con la espátula, trazo líneas velozmente
Saboreo el aire colmado de humedad
Ojalá que llueva más tarde.
jueves, 16 de enero de 2014
calores de invierno
Así sucedió. Bajé del camión que me trae al trabajo y me
encaminé al puente peatonal para cruzar la avenida.
Escuché el sonido de zapatos altos, a pesar del tremendo
escándalo de motores a diesel, cláxones y mentadas de madre. Sí, tacones de
zapatillas…, rojas. Ese color tan choteado para hablar de amor, sexo o
santaclos. Ella venía apresurada, tarde para llegar a ese lugar donde ya la
esperaban. Me rebasó por la derecha y empezó a subir las escaleras del puente.
Y como suele suceder con mujeres como ella, a su paso, me arrojó una estela de
su perfume sembrado en el cuello, las muñecas y sus pechos. Ellas saben tender sus trampas…
La tela de su vestido era de un material muy delgado y se
adhería a su piel morena. Y así, inició la hipnosis. Pero no sólo para mí, para
todos los que estábamos conscientes de su andar apresurado.
Sus nalgas redondas acusaban músculos deliciosos. La cintura
que ramificaba de dicha manzana madura era ligera, pero fuerte. Se izaba
vertical y de perfección simétrica, tallada en ébano. Su cuello un tierno brote
de longitud renacentista remataba con un rostro apasionado, casi diabólico.
Madre del pecado y de las mayores tentaciones del hombre.
Cada movimiento de sus glúteos daba sentido a la poesía de
los poetas más degenerados, pero también a los más píos, que son hermanos de
los otros…
Desde el edificio en construcción cercano al puente, una
docena de albañiles lanzaron como dardos
frases que señalaban lo antojable de esas formas, lo fértil de sus entrañas, de
las fiebres generadas por su simple existencia.
Su eje de rotación estaba en sincronía con el del planeta.
Ninguna nube se movía si no era como consecuencia del viento direccionado por
el rebote espacial de ese portento azabache.
Imaginé navegar entre el movimiento de esas aguas. No
lucharía contra un oleaje manso, tendría que ser un marinero con pata de palo y
cicatrices de muchas batallas para poder salir avante de los oleajes de siete
mares agrestes, salvajes. Mares plagados de dragones y demás monstruos
submarinos, de esos que se hablaba en la antigüedad. Cuántos valientes habrán
perecido en esas aguas de espejismos…
Retumbar de tambores, paso a paso escaló sin mirar atrás. Dardos envenenados con frases de telomamo y,
chingoamimadresiescupo, caían muy cerca, nada de eso la turbó, era experta en
el escapismo, evadía cada nuevo ataque, desde hordas de lujuriosos hasta el tino casi perfecto de
francotiradores perfumados moda Aldo Conti.
Pensé en convertirme en una suerte de escudero, ofrecer mis
servicios a cambio de migajas, de estar siempre a la retaguardia, custodiando
sus secretos de miel, los secretos del origen de la locura, los secretos de las
guerras más sangrientas y las traiciones más viles.
Pero el habla me fue negada, no sólo no pude articular
palabra, las piernas eran hilos sin músculo. Una profunda languidez se apoderó
de mí. ¿Acaso era la consecuencia de mirarla? ¿el renacer de una medusa
citadina? Su presencia fue una revelación. “la reproducción de la especie está
asegurada”, ¿quién no querría copular con ella hasta entregarle la última gota
de semen, su último aliento?
Empezó a descender las últimas escalinatas, fue como ver el
ocaso desde el puente peatonal, su luz se fue alejando, pero entendí que la
dicha vivida por mi persona, sería experimentada por otros.
Adiós big bang , adiós uranio enriquecido, adiós visión
apocalíptica, adiós Malitzin, adiós madre del pecado.
martes, 5 de noviembre de 2013
Amanece/Arde
Última entrega de la serie "musas heridas", aquí una mínima parte del proceso creativo de Amanece/Arde, pieza que requirió de largas pausas, pero que finalmente se logra con éxito, desde una perspectiva técnica y poética.
"anda, deja que arda, amanezcamos a nuestras parrandas de ebriedad irresponsable, qué importa, nacimos para devorarnos, habitamos alcobas de fuego..."
óleo/madera
120x190cm
2012
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